El secreto de la isla

enero 10, 2018

En Ibagari Boutique Hotel cada tarde a las cinco y media suena una campana que recuerda a los huéspedes que es la hora de ver el atardecer en compañía de una copa de champán.

Ubicado en la isla de Roatán, tan visitada por el turismo mundial por su arrecife de coral, el segundo más importante del mundo, y toda la gama de actividades acuáticas y de aventura que ofrece, Ibagari Boutique Hotel es el nuevo it place de la isla, aunque como dicen sus creadores, se trata de un pedacito de Guatemala en Honduras. Entre otros, el complejo de ocho habitaciones ya ha sido visitado por miembros del equipo de Calvin Klein y el diseñador español Custo Barcelona.

Conceptualizado desde un inicio como un proyecto de retiro, Cuchi y Carlos de Wit empezaron a buscar el terreno ideal para desarrollar un hotel boutique en Roatán hace tres años.

Al ser grandes conocedores de la isla y amantes del buceo y la cultura garífuna, la pareja tenía muy claro lo que quería ofrecer al sofisticado turismo local e internacional, pero el punto debía ser el indicado. “Teníamos una wish list algo larga. Queríamos vistas, estar frente al mar, tener vegetación y ubicarnos del lado de West Bay pero no en West Bay porque ya está muy poblado…

Así que cuando apareció, no lo pensamos dos veces”, recuerda la ahora directora de Ibagari Boutique Hotel, cuyo nombre significa vida en lengua garífuna. La primera idea fue construir una pequeña casa hotel para uso de la familia, que pudiera ser alquilada cuando ellos no estuvieran.

“Nos enamoramos del terreno, que por supuesto está a la orilla de la playa, y a la vez cuenta con una increíble flora local que pocos esperan encontrar en un área tropical como Centro América.

En realidad Roatán, al ser una isla rocosa y volcánica, a pesar de estar llena de árboles, no produce ni siquiera palmeras, y si hay alguna por ahí es porque alguien la sembró”, continúa Cuchi, mientras nos describe las espectaculares plantas que se encuentran en el lugar, incluyendo dos enormes ceibas y varios árboles de uva, una especie local pariente del Almendro que tenemos aquí.

LA OBRA SE REALIZÓ DE LA MANO DE ARQUIICON, UNA FIRMA DE CONSTRUCTORES LOCALES DIRIGIDOS POR CARLOS Y KATHY WARE. ALGO QUE SEGÚN LAS HERMANAS ARENAS FUE MUY ENRIQUECEDOR POR LA CALIDAD HUMANA DE LA GENTE DE LA ISLA.

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Una vez adquirido el terreno, Carlos y Cuchi dieron el banderazo de salida a su hermana Patty (sí, la arquitecta e interiorista Patty Arenas) para iniciar el diseño del hotel, cuya arquitectura debía fusionar el estilo caribeño de la isla con una estética contemporánea.

“Lo primero que pensé al conocer el lugar fue que quería hacer algo totalmente distinto a lo que ya existía en Roatán, y que su maravillosa vegetación tenía que quedar dentro de la arquitectura”, dice por su parte Patty, reconociendo que para ella el reto era algo nuevo y por lo mismo, emocionante.

Para entonces la idea de hacer una casa que pudiera alquilarse a grupos o familias había cambiado, y la decisión iba más en la línea de construir un hotel boutique de seis habitaciones. “Pensamos en seis pero el diseño de Patty nos dio chance de hacer dos más, así que terminamos con ocho suites, un restaurante, un bar, un cuarto frío (el único del hotel con aire acondicionado) para pequeños eventos o reuniones corporativas, un dive center, piscina, jacuzzi y la hermosa Plaza de los Pintores, donde los huéspedes pueden recibir clases de arte los jueves por la tarde en compañía de una copa de vino. A mitad del camino tuvimos la oportunidad de comprar el terreno vecino y por ende de ampliar el área social y el restaurante”, complementa Cuchi.

LOS PROPIETARIOS DE IBAGARI CONCEPTUALIZARON EL HOTEL COMO UN PROYECTO DE RETIRO, DESPUÉS DE MUCHOS AÑOS DE VISITAR LA ISLA CON FRECUENCIA. EN SU DESARROLLO ESTUVO INVOLUCRADA PRÁCTICAMENTE TODA SU FAMILIA.

Vale decir que las hermanas se rieron mucho contándome acerca del miedo que tenía Cuchi de que solo llegaran dos huéspedes y cómo insistió en que tanto la cocina como el restaurante eran demasiado grandes para esos dos huéspedes. El restaurante de Ibagari abrió en marzo con capacidad para 18 comensales y ahora está abierto al público y sienta a 50. Su menú, de comida internacional, fue elaborado por el chef guatemalteco Ricardo Zachrisson, quien aún continúa asesorando a la pareja.

El chef de planta, Alex Lima, también es guatemalteco. “Al final el hotel es un pedacito de Guatemala en Roatán”, explica Patty, “pues a pesar de que usamos mano de obra local para construir, todo lo demás salió de aquí… Y encima la familia completa se involucró en el proyecto, cada quien desde su especialidad”.

El resultado final es una arquitectura caribeña/contemporánea abierta, en la cual sobresale la combinación entre distintas tonalidades de madera y el concreto expuesto, mientras que en el interior destacan lámparas de grandes dimensiones y vigas de metal que se aprecian en los techos.

“Jugamos mucho con los cuatro elementos, agua, fuego, tierra y aire. Sin embargo, creo que la gran protagonista del diseño es la naturaleza, no solo trabajamos alrededor de ella sino que dejamos dentro de la construcción varios árboles centenarios… fue para esos espacios, algunos de hasta cuatro pisos de alto, que diseñamos las lámparas a medida”, continúa Patty, quien conceptualizó el hotel como una galería de arte, por eso la decoración es simple y en tonos neutros como el marrón de la madera, y el gris y blanco de las telas. “Todo es muy simple, incluso los muebles de líneas rectas que se diseñaron y fabricaron a medida, o los que adquirimos en firmas locales.

El toque de color lo aporta el arte, tanto que cada pieza está señalizada para que el visitante realmente se sienta como en una exposición”, dice por su parte Cuchi, refiriéndose a la impresionante colección de pintura que acoge el hotel, que incluye piezas de los artistas guatemaltecos Valenz, Anahí Martínez-Mont, Beatriz de Arenas, Silvia Villanueva, Luisa Palma, Carlos LLort, Ana Mari Rodas y Mónica Serra; los salvadoreños David Duke y Danny Zavaletta; y los hondureño Nahim flores: y el artista español Jaime Castillo con su colección de rostros. Los jaladores de las puertas están inspirados en la obra del escultor estadounidense Alexander Calder, quien vivió en Guatemala durante los años 50.

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LA ARQUITECTA PATTY ARENAS CONCEPTUALIZÓ EL HOTEL COMO UNA GALERÍA DE ARTE, UN ART BOUTIQUE HOTEL. LA COLECCIÓN DEL LUGAR INCLUYE OBRA DE ARTISTAS ESPAÑOLES, GUATEMALTECOS, SALVADOREÑOS, Y HONDUREÑOS.

En cuanto al apellido Boutique del hotel, las hermanas Arenas comentan que el término está íntimamente relacionado con el servicio que ofrece el lugar, con la experiencia que va a tener el visitante, lo cual puede significar por ejemplo que por cada dos personas hospedadas se destine una para su servicio. “La atención al detalle es lo que define a un hotel boutique, por eso lo especial de la música, la gastronomía, las velas, las sábanas… Nosotros empezamos con seis personas para atender a los 18 huéspedes y en este momento tenemos a 19, más del doble para atender a la misma cantidad de visitantes”, explica Cuchi, mientras agrega que el hotelito cuenta además con un buen número de elementos sostenibles o verdes que también hacen la diferencia, como paneles solares, doble planta de tratamiento y un sistema de recolección de aguas pluviales para reutilizar en riego y baños durante los meses de verano. “La isla es muy avant garde, quizá por la presencia de tantas comunidades de extranjeros que viven parte del año en sus países y la otra en Roatán; además los servicios en general son sumamente caros”, explica.

Les pregunto para finalizar la entrevista cómo resultó el trabajo en familia durante ese año antes de abrir el hotel, y ambas coinciden en que de manera muy natural. “Ya habíamos trabajado juntas hace tiempo, cuando abrimos Antrée (una tienda de decoración) y siempre lo hemos disfrutado en grande. En este caso fue aún más divertido porque participaron más miembros de la familia… Por ejemplo, Sharon, la hija de Cuchi hizo el branding a través de su empresa Martes Creativo, mi hija Tatiana pensó los nombres del hotel y el de las habitaciones, un sobrino, Jaime Castillo, supervisó el proceso de la obra constructiva…“, recuerda Patty. Les pregunto entonces si tienen alguna anécdota que compartir con nosotros antes de concluir, y casi al unísono las hermanas me cuentan que en diciembre, tres meses antes de abrir el hotel, la familia al completo se fue a Roatán para “probar” las instalaciones y absolutamente todo falló, hasta las tuberías de agua caliente estallaron por la fuerza con la corre el agua por allá. En marzo, sin embargo, todo estaba resuelto e Ibagari iniciaba un lleno total que no ha cesado desde ese momento.

“Ha sido una oportunidad para conocer a mucha gente de la isla, gente que es contenta por naturaleza, que le da valor a lo que quizá nosotros ni pensamos, como tomarse el tiempo de ver cada atardecer porque ninguno es igual al otro… Trabajar frente a esa inmensidad que es el mar, y rodeados de naturaleza, es simplemente indescriptible, una sensación que no habíamos sentido antes”, concluye la arquitecta.

UNO DE LOS ELEMENTOS VITALES DEL HOTEL ERA EL RESTAURANTE, PUES SE BUSCÓ ESPECÍFICAMENTE QUE HICIERA LA DIFERENCIA RESPECTO A LO QUE OFRECÍA HASTA ENTONCES LA ISLA. INICIÓ CON CUATRO MESAS DE CUATRO PERSONAS, Y AHORA RECIBE REGULARMENTE A MÁS DE 50 COMENSALES.

 

Por Ana Isabel Villela

Fotografía de Mathieu Hutin

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