Celebrar la vida

febrero 2, 2018

Lo que comenzó como una actividad muy personal, poco a poco, se convirtió en una faceta muy absorbente en la vida de Christian Escobar. Ahora, la pintura demanda mucho de su tiempo.

Muy pocos conocían el talento de Christian Escobar con los pinceles y el acrílico. Era hasta hace unos siete años algo reservado que mostraba únicamente a sus más allegados. “Un amigo me dijo que debería de exponer cuando vio un cuadro que había puesto en mi apartamento, uno que hice solo porque quería llenar una pared vacía”, comenta el pintor, dentista y catedrático universitario.

“Eventualmente me animé y logré acercarme con los gestores de la galería El Attico, quienes vieron con interés mis obras y me dieron un año para preparar una serie, la que expuse en ese lugar, en 2015”.

La noche de esa primera muestra individual fue decisiva, cuenta Escobar. “Siempre he pintado para mí, no para quedar bien con los demás. Lo que esa noche estaba buscando no era la aprobación de las personas sino mi realización. Si esa ocasión no me hubiera sentido pleno como artista, esa misma noche hubiera dejado de pintar”, recuerda.

MIAMI

En diciembre de 2016 el pintor participó en la Art Basel en Miami. La experiencia repercutió en varios visitantes que elogiaron su técnica, en un contrato para ser representado por Conception Art Gallery con la cual, entre mayo y junio de este año, expondrá en un evento similar al de Miami, pero que tiene lugar en Nueva York. Otro logro, de un tipo diferente pero igual de importante, lo constituyó la charla que tuvo con Charles Thomas Chuck Close, considerado un referente del hiperrealismo estadounidense. “Fue como tener una charla con Picasso para un pintor cubista”, menciona Escobar. “Chuck Close llegó y se quedó contemplando mis piezas y después de un momento me hizo un ademán con su cabeza para que me acercara y me preguntó por qué utilizaba acrílico para pintar. Le respondí porque seca más rápido en comparación a otros pigmentos y él solo rió. Después me dio buenas impresiones cuando vio mi portafolio”.

En marzo el artista guatemalteco comenzará la serie que mostrará a medio año en Estados Unidos.

DIBUJO

Hasta hace muy poco, este autodidacta, respondía “solo comencé a pintar y ya”, pero meditando, sí tiene antecedentes de su pasión por el arte. “Cuando era más chico me sentí atraído por el dibujo. Después, cuando comencé a estudiar, fue un compañero permanente en mis anotaciones de clase. Los cuadernos de todas mis materias eran para dibujar. Yo lograba poner atención dibujando objetos que me ayudaran a recordar lo que decían los profesores. Luego, al ver por ejemplo un ave, podía recordar mejor el punto visto en ese día”.

Escobar, es conocido como Chrispapita, un alias que combina el diminutivo de su nombre con un apodo “bastante tonto”, como él mismo dice, que proviene desde que tenía siete años. “Un compañero del colegio era el único que de la nada comenzó a llamarme papita, con el tiempo lo hicieron los demás y para cuando terminé la primaria, ya todos me conocían de esa manera”.

Para finales de la década de 1990, cuando creó una cuenta de correo electrónico, dispuso unir las dos maneras con que era conocido: Chris, por sus familiares, y Papita, por sus compañeros de estudio. Desconocía que una década después, sus obras de arte llevarían ese curioso mote como firma, de manera estilizada Chrispapita.

LUZ Y COLOR

Escobar irrumpió oficialmente en el ámbito local con una propuesta singular en 2015. Sus piezas por lo usual son en gran formato y el pigmento que prefiere es el acrílico. La técnica que marca su estilo es el hiperrealismo. La anatomía humana, en especial los rostros, son parte fundamental de su estilo, al que suma su interés por las tribus urbanas, de las que destacan referencias a los patinadores y surfistas. Esto lo lleva a plasmar con detalle los elementos de esas y otras culturas, incluyendo la vestimenta y los tatuajes.

¿Qué plasma Chrispapita en los lienzos? Puede ser una chica de brazos extendidos que luce los diseños tatuados en ambas extremidades, o a un artista del grafiti con un aerosol alzado, o un par de puños con el detalle de tatuajes en los dedos; también pinta calaveras rodeadas de rosas y, desde luego rostros, varios rostros: hombres con lentes oscuros en cuyo reflejo se pueden apreciar murales de grafiti, una chica con cabello estilo afro de prominente sonrisa o chicas semiocultas entre los mechones.

“Con cada nuevo cuadro me impongo una meta, y esta es superar el nivel de dificultad del anterior. Mis piezas tienen una fuerte carga psicológica, reflejan también el existencialismo. Me encantan las culturas urbanas y desde ellas abordo el elemento humano pero no desde un punto de vista caótico, si no para celebrar la vida”, indica.

La luz y el color son fundamentales, señala el pintor, el interés no es solo artístico, pues también son elementos vitales en su trabajo como dentista. “Aunque se haya hecho el mejor trabajo de ortodoncia, si el color del esmalte no es el adecuado, será la primera imperfección que el paciente vea”. La tesis de maestría que Escobar realizó aborda esos temas y cuenta que después de culminarlo, marcó un nuevo punto en sus obras pues comprendió de mejor manera cómo trabaja la luz y el color.

SACRIFICIO

Christian se considera alguien hiperactivo. “Lo peor que puede pasarme es estar el día entero en la cama. En vacaciones necesitaba llenar el espacio libre con todo tipo de actividades”, por eso halló en el surf una vía ideal para liberar su energía y adrenalina. Este deporte le permitió entrar en contacto con las culturas urbanas, hoy tan esenciales en su propuesta.

Debido a que los retratos son fundamentales en sus piezas, el pintor recibió una invitación para especializarse como retratista, en Bélgica, pero declinó. “En los últimos años aprendí a decir no a más del 90% de las propuestas porque no estaban en sintonía con la libertad que buscó al pintar. Quiero hacer lo mío, no lo que otros quieren. Con el dolor de mi corazón y también de mi billetera rechacé una buena oportunidad en Bélgica, pero fue un sacrificio que valió la pena porque continúo abriéndome camino tanto en Guatemala como en otros países, y lo hago manteniéndome firme en mis convicciones”. Es por ello que Chrispapita no hace cuadros por encargo.

APOYO LOCAL

El pintor considera que “las galerías, los curadores y los coleccionistas deberían voltear a ver el talento de las nuevas generaciones de artistas. Hay muchos diseñadores e ilustradores con un potencial que en el extranjero están siendo más reconocidos que en el país”.

Escobar cree que apoyar a las jóvenes propuestas no debe ser solo por el hecho de que sean artistas locales, “sino porque además de ser de Guate, son buenos en lo que hacen”, puntualiza.

 

Por Redacción HABITART

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