La casa clara

febrero 2, 2018

Ubicada frente a un campo de golf, esta casa con vistas está llena de luz, desborda personalidad y cuenta historias; historias de una familia de cinco, alegre y unida, que ante todo quería un hogar que hablara de sus costumbres y les diera alas para seguir soñando y creciendo juntos.

Detrás del diseño de esta residencia ubicada en las afueras de la ciudad hay una historia que conmueve. Pedro Valls era aún un estudiante de arquitectura cuando sus propietarios se acercaron a él para comunicarle su intención de darle el proyecto. “Les enseñé lo que había hecho hasta entonces y les gustó. Sabían que no había terminado la carrera y aún así confiaron en mi”, explica Valls, quien prácticamente se trasladó a vivir con la familia a partir de ese emocionante momento. “Para ellos era imprescindible que yo conociera sus costumbres, sus tradiciones, sus valores; que asimilara la dinámica de la familia para dar a cada espacio un protagonismo distinto. Descubrí, por ejemplo, que el pantry era el ambiente por excelencia donde los cinco se reunían para compartir, platicar, divertirse y hasta discutir”, continúa. El arquitecto incluso se unió a viajes de fin de semana a la costa sur y al Río Dulce y a un buen número de visitas en la ciudad, unas para entender mejor lo que querían y otras porque eran lo opuesto.

El terreno de 1,800 varas tenía sus bondades y sus desafíos. Las vistas, por ejemplo, no podían ser más hermosas pero el punto donde debía edificarse la casa estaba unos cuatro metros por debajo del nivel de la calle. “La pareja quería mucha luz y muchas vistas, así como maximizar el uso del terreno. La solución fue dejar el garaje a nivel calle y elevar la casa”, dice el arquitecto, y luego muy divertido nos explica cómo lograron determinar exactamente cuánto debía elevarse la construcción poniendo unos andamios. “Así vimos dónde quedaba la vista perfecta, algo que de paso nos permitió dar luz natural a todas las estancias de la residencia, incluyendo el sótano”.

De acuerdo con Valls, su diseño, además de una arquitectura limpia y de líneas rectas, buscó facilitar la transparencia, algo que logró de manera soberbia a través de las ventanas (o quizá debería decir paredes) de piso a techo que rodean el área social en el primer nivel de la casa, o en el baño principal, en donde se recurrió a un jardín interior para lograr cierta privacidad sin interrumpir un solo ápice del paisaje. A la vez, el arquitecto optó por el uso de materiales locales que se mantuvieran vigentes en el tiempo y el espacio. “La elevación de la casa promueve en todo momento la ventilación natural… Creo que su arquitectura cumplió con el propósito de ser un canvas en blanco para unos interiores interesantes y únicos”, continúa.

LOS PROPIETARIOS DEJARON CLARO DESDE EL INICIO QUE EL USO DE SUS MUEBLES DE FAMILIA NO ERA NEGOCIABLE, PARA ELLOS ERA MUY IMPORTANTE QUE FUERAN PARTE DE LA HISTORIA DE LA CASA POR SU VALOR SENTIMENTAL.

Cómo decíamos, todas las estancias de la casa, incluyendo el área de servicio y el sótano en donde se encuentra el parqueo para cinco vehículos, son amplias e iluminadas. “Realmente querían luz, y más luz, por eso también se le dio mucha importancia al diseño de iluminación artificial. La cocina, planteada bajo el concepto de open kitchen, es muy moderna y funcional. Y el pantry por supuesto cobró el protagonismo que merecía dentro del proyecto, tanto que hoy continúa siendo el punto de reunión para la familia, el corazón de la casa”, añade. La pareja fue, además, previsora. Su wishlist abarcaba, entre otras cosa, una separación total de los ambientes sociales y los privados, aunque la casa en sí esté repartida en un solo nivel. “Pensando en el futuro, prefirieron distribuir en un solo nivel las cuatro habitaciones con sus respectivos cuartos de baño– tres de los hijos y la principal-, aunque separadas por una puerta, la sala, comedor, cocina y área de servicio; y en un segundo nivel de menos extensión pusimos el área de estar de los jóvenes”, dice Valls respecto a la residencia que cuenta con un ducto para poner un elevador en caso fuera necesario más adelante.

La sala y el comedor principal se dividen de forma diáfana y sutil por medio de cinco columnas de cedro antiguo. “La historia es muy bonita porque ellos cuentan que cuando eran novios, durante un viaje al interior, se detuvieron en una de esas casas de antigüedades de carretera y él dijo, vamos a comprar las cinco columnas por nosotros dos y los tres hijos que vamos a tener… La relación era incipiente, así que ella se sorprendió mucho con el comentario, pero pasado el tiempo así fue. Luego las columnas estuvieron años en una esquina del garaje de su antigua casa, y ahora no solo son vitales dentro de la residencia, sino que se renovaron para que estuvieran en sintonía con los nuevos interiores”, dice Valls. Otro detalle especial de la casa son sus pérgolas exteriores, que no llevan columnas para sostenerse, sino solo un voladizo que, según el arquitecto, únicamente Sigfrido Arrivillaga con toda su experiencia se atrevió a hacer. “La arquitectura permite que materiales como el concreto, la madera y la piedra natural luzcan y se sientan al tacto tal cual son, nada de disfraces… Trabajamos casi en exclusiva con proveedores locales, algo que hizo que la construcción fuera sostenible”, explica el arquitecto. Y el resultado final es una casa que transmite paz, y que es cálida pero sofisticada.

Cuando los trabajos de arquitectura avanzaron lo suficiente, la pareja llamó a Juan Carlos Rizo para que entrara en acción. El reconocido interiorista, que ha trabajado en proyectos tan importantes como el Mil Flores Luxury & Design Hotel, asumió el desafío. “La propietaria dejó muy claro desde el inicio que el uso de los muebles que heredó de su familia no era negociable, para ella era muy importante que fueran parte de la historia de la casa por el valor sentimental que tenían; incluso las pieles de su abuelo cazador debían entrar en la escena”, comenta Rizo, quien define el resultado final de los ambientes como eclécticos, algo que no podía ser de otra manera por la mezcla de estilos de mobiliario, pues prácticamente los hay de todos los tiempos, diseños, texturas y materiales.

LA ELEVACIÓN DE LA CASA PROMUEVE EN TODO MOMENTO LA VENTILACIÓN NATURAL.

El color que une los espacios dentro de la casa evidentemente es el negro, presente desde en la piedra de la fachada de la casa hasta en el papel tapiz de determinados ambientes, y de manera secundaria, una paleta muy interesante de grises. “Los ambientes son sobrios y elegantes. Juntos elegimos detalles como la piedra natural que recubriría varios muros de distintos espacios- en su mayoría locales- los acabados de los baños y los clósets, y las texturas y materiales de la cocina. Fue muy gratificante porque se involucraron muchísimo, se apasionaron por su proyecto, y así el resultado siempre es mejor”, continúa el interiorista, mientras Valls recuerda que una de las piezas principales en torno a la cual giraron muchas de las decisiones del diseño interior fue una pieza de mediados del siglo pasado del escultor estadounidense Alexander Calder, quien vivió en Guatemala durante un tiempo.

De los interiores vale recalcar la mesa de madera natural que sienta a doce personas en el comedor principal, una pieza hecha a la medida para acompañar las sillas de madera con cuero que la familia tenía como imprescindibles. “Las espectaculares sillas de las cabeceras, con su original respaldo, pertenecieron a la abuela de la propietaria, son muy especiales. Luego hicimos, a través de Antología, muchas piezas a la medida, por ejemplo para la sala principal, la sala de estar del segundo nivel y el estudio”, continúa Rizo, mientras asegura que varios de los muebles de la casa son de estilo étnico/contemporáneo. De ahí la elección de las alfombras y de la mayoría de accesorios y complementos, enmarcados por una colección de cerámica nacional.

Sin embargo, en ésta área, además de los muros de vidrio, destacan otros dos elementos de diseño que merece la pena mencionar porque hacen evidente que la pareja tuvo siempre muy clara la estética que quería conseguir: la chimenea de la sala principal, con su impresionante estructura negra recubierta de piedra volcánica y las piedras de más de dos toneladas que se dispusieron alrededor de la residencia, fruto de otro viaje a Río Dulce y que la pareja tuvo que pagar y traer en una grúa a la ciudad. “Trabajamos en equipo y la verdad es que hicimos click. A veces después de un día intenso de actividad terminamos bebiendo una copa de champán para celebrar los avances. Es decir, el ambiente fue siempre muy grato”, concluye Rizo, no sin antes referirse al jardín de la residencia, sin duda una atmósfera relajada, natural y terapéutica diseñada y ejecutada por la paisajista Carmen Pokorny a través de un diseño de formas muy geométricas en tonos verdes y grises.

 

Por Ana Isabel Villela
Fotografía Leonardo Izaguirre

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