La otra cara del arte

febrero 2, 2018

Enamorada de todo lo que a gastronomía se refiere y apasionada por el food styling, la chef, Paulina de la Cerda, es una de las pocas guatemaltecas especializadas en fotografía de comida.

Su historia con el estilismo y la fotografía de comida surgió en 1999 de la mano de su primer trabajo como chef en Nueva York. A Paulina le asignaron realizar un catálogo de la empresa para promocionar los productos de la siguiente temporada. “Trabajé tres días con un fotógrafo sueco y a mí me tocó armar todo el catálogo… Fue mi primera experiencia en este mundo y me fascinó, descubrí que eso era lo que realmente quería hacer”, recuerda. La chef continuó explorando el arte culinario y, después de su regreso a Guatemala y la apertura de su propia empresa de Catering (Lapau), concretamente en 2004, fue contratada como asistente de producción para un libro de comida centroamericana, una experiencia que confirmó su pasión por el food styling. Luego en 2008, el fotógrafo Alan Benchoam le propuso fotografiar sus platos y creaciones. “Trabajamos juntos en ello. Alan me motivó a hacer no solo el estilismo sino también las fotos de mi comida de forma profesional”, agrega.Cuando Paulina era pequeña, no sabía si dedicarse al arte o a la cocina (sí, durante muchos años también pintó), pero pronto se dio cuenta que en el campo culinario podía explotar ambas profesiones. “Con el food styling y la fotografía de comida logré canalizar mi creatividad de otra manera, encontré la magia de mi verdadera pasión”, continúa, aunque reconoce que al principio solo se enfocava en la parte de la comida porque no sabía nada de fotos. “Por eso me tuve que meter a cursos y talleres”.

La artista de la comida asegura que cada proyecto tiene sus retos, sus encantos y su inspiración, y que una de las cosas más difíciles para ella es hacer que los frijoles se vean bien, es más, le pasa lo mismo con la comida local. “Estéticamente los platos guatemaltecos son o muy cafés o con texturas brillantes por todas las frituras, entonces hay que jugar con distintos elementos para que se logre un plato atractivo. No es lo mismo ver la comida en vivo y a todo color que en una fotografía”, asegura.

ADEMÁS DE FOOD STYLING Y FOTOGRAFÍA, PAULINA ESTUDIÓ PARA CHEF Y MERCADEO DE COMIDA.

Proyecto de chocolate caliente en Málaga, España.
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MÁS ALLÁ DE LA COCINA

Catering, apertura y menús para restaurantes, asesorías locales e internacionales, food styling y fotografía de comida son solo algunas de las ramas de la gastronomía en las que Paulina se ha desarrollado. También ha trabajado en el estilismo de anuncios para televisión que incluyen comida, como en los de Banco G&T Continental, Paiz y Tigo, entre otros. “En fotos de este tipo, todo tiene que estar en su lugar y verse realmente perfecto. Además, en televisión se tiene que crear comida sabiendo que va a tener movimiento”, explica. Para Paulina, el food styling comercial es especial porque generalmente le dan las referencias de los resultados que buscan e instrucciones de lo que desean transmitir, mientras que cuando es algo personal, su creatividad simplemente fluye.

“Por ejemplo, si es una foto para un empaque, el diseñador ya tiene en mente lo que quiere mostrar. Una fotografía tiene más trabajo de lo que realmente parece, hay que jugar con la luz, brillos, tamaños, y a veces uno tiene una idea pero no se logra por distintas razones”, explica, y aún así, para Paulina es vital dar a todos sus proyectos su toque personal de arte y creatividad que los hace únicos.

ACTUALMENTE, LA ARTISTA VA A PARTICIPAR CON UNA FOTOGRAFÍA EN UNO DE LOS LIBROS GASTRONÓMICOS MÁS ESPERADOS DE BÉLGICA, QUE SERÁ PUBLICADO A PRINCIPIO DEL OTRO AÑO.

 

Por María Fernanda Roca

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