Una obra maestra: Los secretos que esconde la Casa Bianchi

mayo 18, 2018

Sabíamos que algo especial estaba cocinándose cuando recibimos la invitación para conocer la nueva casa del visionario arquitecto, Roberto Bianchi. Además de innovadores elementos arquitectónicos, formas muy geométricas e interiores luminosos y llenos de textura y color, encontramos detalles de sostenibilidad de primer mundo, incluyendo el hecho de que la casa produce su propia energía eléctrica.


Ubicada a las afueras de la ciudad y construida en un terreno de unos 500 metros cuadrados, la nueva residencia del arquitecto Roberto Bianchi, miembro de nuestro consejo editorial, presenta un giro inesperado en su posición. “Al momento de diseñar, giré la casa en dirección sureste para tener mejor ventilación, circulación y sobre todo soleamiento, tanto que pude colocar paneles solares sobre un techo inclinado y con ello capturar por mayor tiempo los rayos del sol, y así producir mi propia energía”, explica, mientras disfrutamos de un vistazo general de la construcción desde el exterior. Bianchi dice al respecto que si su casa produce más electricidad de la que necesita, ésta pasa automáticamente al caudal de la empresa eléctrica, y si en cambio le hace falta, la toma de ahí aunque después toque pagar factura. “El giro de 30 grados me permitió incluso respetar mejor el código del condominio, al extremo que los vértices cazan de manera exacta donde éste lo establece, lo mismo que la columna de metal en rojo de enfrente, que a la vez rompe con la monotonía de las formas y los materiales…. pusimos sobre ella una gárgola antigua para darle aún más personalidad”, agrega.

De chandeliers clásicos a escaleras modernas

Después de detenernos un rato en el impresionante exterior de la casa, con su interesante fusión de texturas, formas y materiales, decidimos entrar. Nos recibe una espectacular puerta roja a la que puede accederse por gradas o por rampa. Y una vez dentro, lo primero que llama la atención es un espejo antiguo que cuelga del original muro de vidrio, uno que aporta total transparencia al vestíbulo y vistas al jardín, y se sitúa justo donde tradicionalmente hubiera estado una pared sólida. “Aquí había cierta condición: colocar una lámpara, estilo chandelier, de la familia de mi esposa. Debíamos crear ese espacio, por eso los cielos de triple altura que se integran al vestíbulo. Y a un costado, las gradas; que en vez de ser un elemento escondido y aislado que solo sirve para circulación, se plantearon como una escultura, por eso sus escalones, por ejemplo, no son idénticos. Al mismo tiempo se constituyen como un arco de entrada de estética moderna”, continúa Bianchi, aunque en vez de subir por la escalera de metal pintada de rojo, seguimos de largo para conocer por completo el primer nivel, el cual sorprende por la abundancia de colores, estilos y texturas que encajan a la perfección.

EL ARQUITECTO DEFINE EL DISEÑO DE LA CASA COMO ARQUITECTURA EXPERIMENTAL PORQUE GENERA ESPACIOS INTERIORES DIFERENTES Y UNA MANERA DISTINTA DE VIVIRLOS.

 

Hacemos una nueva parada detrás de la escalera sin esperar una nueva sorpresa, pero ahí está. Detrás de lo que parece una pared de apariencia rústica, hay una habitación que alberga dos camas full y una salita de estar. “Como no vamos para jóvenes, otra idea fue tener nuestro dormitorio en el primer nivel, sin ser obvios. El muro está hecho de bloques de piedra laja. La apariencia rústica viene porque, al tener hierro en su composición, la cara de la piedra que está expuesta al sol se oxida naturalmente y envejece muy bien”, sigue el creador, quien se valió únicamente de un jalador de madera que pasa desapercibido para tener acceso al dormitorio, en el que sobresale la calidez de unas paredes recubiertas de madera natural.

CON EL GIRO DE POSICIÓN DE LA CASA SE CONSIGUE MEJOR VENTILACIÓN, CIRCULACIÓN Y SOLEAMIENTO, TANTO QUE LA CASA CUENTA CON PANELES SOLARES QUE PRODUCEN ENERGÍA LIMPIA.

“De un lado tengo la galería de los nietos y la salita en donde me siento a tejer y al otro, aunque afuera, el estanque de agua de lluvia, que en invierno se llena y en verano se aprovecha para riego”, dice por su parte Luisa María, la esposa del arquitecto, quien también nos acompaña en el recorrido. “La idea es que cuando ya no pueda levantarme y vengan a verme, las puertas se abran para que el dormitorio se fusione con la sala principal”, agrega en un tono muy divertido el anfitrión, a pesar de que nosotros podemos dar fe de que aún falta para eso. Aunque muy de pasada, la pareja insiste en llevarnos al baño principal, en donde se ha dejado otra pared especial. “Hice el cálculo de cuánto me costaba levantar otra pared (con sus respectivos acabados) y comprar un mármol traslúcido importado que crea este hermoso efecto de transparencia y resultó más barato… Además, es totalmente diferente a lo que se ve”, expresa.

Experimento de colores y arte

El área social de la casa es abierta, ventilada, luminosa y llena de color. Bianchi, quien fue catedrático universitario de teoría del color durante décadas y se nota, describe su obra como ecléctica y funcional y asegura sentirse satisfecho con la privacidad e integración que se generan. Cada ambiente fue definido por una textura y un matiz específico a través de papel tapiz. “Percibo el color como un elemento complementario del diseño arquitectónico, a través de él puedo crear armonía y dar importancia a ciertos muros; no creo que deban servir como simples instrumentos divisorios”, explica, mientras nos enseña cómo al darles colorido se vuelven perceptibles. Además, así se consigue dar aún más importancia al arte. “El uso del color no es arbitrario. Los tonos se complementan entre sí. Por ejemplo, el rojo lo afianzo con el verde del fondo… Es solo cuestionar de buscar ese balance armónico, algo que el cerebro humano suele hacer en automático. El azul se complementa con una luz amarilla…”, continúa, mientras hacemos un pequeño recorrido por el arte que tiene, una colección muy bien curada en la que sobresalen piezas de Claudia Cirici, Pérez, Zipacná de León, Edwin Guillermo, César Fortuny, Ramírez Amaya y Salvador Saravia; el reconocido pintor impresionista que a treinta años de su muerte recupera vigencia y vuelve a ser uno de los favoritos de coleccionistas y aficionados. También hay imaginería de la época colonial, un buen número de antigüedades y platos de cerámica de colección.

EN LA CONSTRUCCIÓN SE UTILIZARON MATERIALES LOCALES PARA MINIMIZAR EL IMPACTO SOBRE EL AMBIENTE.

Convivir en un paisaje arquitectónico

“Luz, luz, luz es lo que quería para este espacio de convivencia, así como una ventilación cruzada eficiente que se logra gracias a los muros de vidrio que pueden abrirse casi en su totalidad”, continúa Bianchi, quien siente una auténtica debilidad por el paisajismo estilo inglés, en el que parece que la naturaleza ha crecido a su sabor y antojo, ajena a la intervención de la mano del hombre. Mientras pasamos al comedor seguimos viendo paredes forradas de madera finas procedentes de Petén, como Santa María, Chichipate o Malerio, que se usó para las vigas. “Por fin tenemos una mesa que sienta a la familia completa, al menos por ahora, fue hecha a medida… Y tenemos detalles como la bufetera, que es una puerta antigua transformada”, complementa el anfitrión respecto al ambiente que puede incluso volverse más amplio al abrir el balcón, y mejor ventilado si además se abren las ventanas traseras. Como decoración en la mesa, un hermoso arreglo de flores dispuesto nada más y nada menos que en un jarrón Ikebana, del diseñador español Jaime Hayón para Fritz Hansen.

Otro ambiente importante para el matrimonio es la cocina, tanto que hoy en día ha pasado a ser el corazón de la casa. Con una colección de platos antiguos a un extremo y electrodomésticos de acero inoxidable en el otro, el estilo del espacio sigue siendo fusión. “El look predominante es industrial. La cocina está dividida en tres áreas, la de convivencia (pantry), la de repostería y la de cocina salada. Es muy amplia porque es la oficina de mi esposa”, dice Bianchi entre risas, y a propósito de eso nos enseña el papel tapiz (que como el del resto de la casa también es de Tapiz Genial) que está en el techo para brindar una sensación corporativa, o al menos ese es su objetivo. “A todos nos gusta cocinar, y con cinco hijos, pues imagínate… cada fin de semana nos juntamos aquí al menos unos catorce o dieciséis y estamos cada uno preparando algo. Es muy divertido”, explica por su parte Luisa María. La cocina presenta además detalles actuales, como la grifería de tecnología touch, adquirida en Cofrasa, que sin duda hace la vida más fácil, y algunos nostálgicos, como los botes de feria que guardan granos y conservas.

Verde y consciente, pero cómodo

Bajando unas escaleras pequeñas, inmediatamente después de la cocina, llegamos al sótano de la casa, quizá el elemento arquitectónico más particular del proyecto, resultado de la técnica constructiva que Bianchi eligió para mantenerse fiel a una filosofía de conservación. “La casa está elevada 1.50 metros sobre el nivel del terreno y su estructura en cien por ciento de acero. Así se consigue cero humedad interior, pero también intervenir lo menos posible el terreno y la naturaleza. Con la elevación logro tener más espacio de jardín y todas mis instalaciones a la vista”, asegura, mientras observamos una increíble red de tubos rojos, azules y blancos por donde pasa el agua, la electricidad e incluso el gas. “Si algo pasa, tienes una fuga o similar, puedo cerrar la llave específica del problema y listo, no tengo que levantar todo para investigar y dar pasos de ciego”. Una estructura de metal, además, se puede reutilizar o reciclar, y se comporta mucho mejor ante un sismo, pues si se diera un momento demasiado crítico, esta podría llegar a deformarse, pero jamás a desplomarse. Bianchi asegura que todo fue pensado para poder ser re utilizado en el futuro, por eso también el uso de la madera. Vale decir que el matrimonio ha aprovechado el área armando una pequeña sala de juegos para sus nietos, con divertido grafiti incluido.

Antes de irnos subimos a la pérgola del segundo piso. Con la idea de aprovechar al máximo los espacios construidos, Bianchi colocó este espacio al aire libre, con espectaculares vistas infinitas hacia la ciudad, sobre el techo del primer nivel de la casa. “La estructura de la pérgola también es de metal. Bajo el techo colocamos bambú, específicamente guadua, en serie para generar un mejor aislamiento térmico. ¿Qué quiere decir esto? Que cuando hay calor el bambú no permite que la temperatura suba demasiado, y cuando hay frío, hace lo contrario”, explica el arquitecto, quien por un lado ha dispuesto un comedor cien por ciento moderno de inspiración nórdica, y por el otro una sala más bien étnica. Alrededor de la pérgola, enormes maceteros cerámicos, de la firma Asian Tropics, permiten que la vegetación se filtre en la escena con libertad.

Bianchi nos despide describiendo su casa como una arquitectura experimental que genera espacios interiores diferentes y, por ende, una manera distinta de vivirlos. “Unos espacios complementan otros, tanto en altura como en el plano horizontal, y me siento muy satisfecho por ello”, concluye.

 

Por Ana Isabel Villela
Fotografía de Carlos López Ayerdi (lopezayerdi.com)

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