Lo suyo es cultivar legados

noviembre 19, 2018

En 1994, cuando la siembra del algodón cayó a sus niveles más bajos, el padre de Luisa Villavicencio se negó a dejar morir el cultivo que tanto amaba. Así surgió la idea de darle un giro de tuerca al negocio y producir hilos de colores tierra a partir de la semilla maya conocida como Ixcaco. Más de 20 años después, Algodones Mayas continúa dejando un legado de amor a Guatemala, a sus textiles y, como no, a su gente.


Egresada de la Universidad Francisco Marroquín, concretamente como Administradora de Empresas, Luisa Villavicencio tomó las riendas de la firma fundada por sus padres a finales del siglo pasado, Algodones Mayas, hace un poco más de una década. “Con la caída del algodón vino la idea de tomar la semilla de Ixcaco, que produce un algodón más bien café, y con su cosecha producir hilos en tonos marrones, verdes y crudo”, explica, mientras agrega que más adelante esos hilos tan especiales se convierten, a manos de talentosos artesanos locales, en creaciones textiles excepcionales. 

Pero para llegar al tejido final, el proceso debe empezar por la siembra de la semilla de Ixcaco, que más bien produce un algodón de color café. “Cuando la semilla produce fibra, está lista para la cosecha, de ahí salen los hilos… todo el cultivo es cien por ciento natural, lo mismo que la producción de los hilos, que no lleva colorantes ni químicos”, continúa Luisa. Vale decir que la siembra del algodón suele iniciar a principios de agosto para que reviente a finales de noviembre, y ya en diciembre cualquiera pueda presenciar ese espectáculo al que pocos tienen acceso.

“Ver aquellos campos de algodón bañados en tonalidades tierra es simplemente mágico”, dice.

En colaboración con un grupo de artesanos locales, los padres de Luisa abrieron su primera tienda en La Antigua, por eso mucha gente, aún hoy, relaciona a Algodones Mayas con la ciudad colonial. “Mi mamá conocía muy bien el arte del tejido y los diseños de cada región del país. Fue parte de la junta directiva del Museo Ixchel del traje indígena. Con ese conocimiento, ella les enseñaba a sus artesanos a lograr acabados más finos, a actualizar diseños y por supuesto a crear nuevos”, prosigue Luisa, quien asegura que gran parte de la visión de la firma se centra en que la mujer guatemalteca tenga acceso a un trabajo en el que pueda desarrollarse de manera digna y después dejar ese legado a sus hijas y nietas.

“Además queremos preservar la cultura de nuestros tejidos, que son únicos en el mundo”. Luisa reconoce que fue difícil asumir las riendas de Algodones Mayas, pues sus padres se fueron con un año de diferencia. “Siempre los tengo a mi lado, guían mi camino”, dice, y sin duda ellos estarán orgullosos de su trabajo, el cual hoy se centra en dos colecciones al año para el mercado local e internacional, una primera con colores cálidos para la estación de primavera-verano, y a final de año otra, lógicamente, en tonos más oscuros. Para su diseño, Luisa y su equipo, implementan las tendencias más actuales en el mundo.

“Hace poco unimos esfuerzos con The New Denim Project, que utiliza reciclado de lona, e introdujimos nuevos colores. El azul le vino a dar un plus increíble a la colección”, dice. Algodones Mayas se preocupa por la conservación del medio ambiente. Sus productos son ecológicos, por lo que no recurren a ningún químico que pueda dañar, no solo el entorno, sino las manos de los artesanos que trabajan en la firma.

“Creo que innovación es la palabra clave, además de creer que en Guatemala se puede hacer productos de primera calidad”, concluye Luisa, una mujer que ha sabido llevar sus creaciones a mercados tan importantes como Estados Unidos. Su trabajo es para nosotros gran motivo de satisfacción y orgullo.

Por Luz Elena Ramírez

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