Guate es futuro

octubre 7, 2019

¿Cómo influye la arquitectura en los procesos educativos? En HABITART creemos que de todas las maneras posibles. Por eso hemos querido mostrarles estas maravillas del siempre certero arquitecto Mauricio Solís y su equipo de SOLISCOLOMER Y ASOCIADOS. En un país como Guatemala, diseños como el de estos centros de estudio y bibliotecas dignifican a la población más vulnerable, nuestros niños, y se convierten en una inversión a futuro.

Biblioteca Villa de los Niños

Ubicado en zona 6, el conjunto de edificios forma parte del complejo educativo del mismo nombre, desarrollado por las Hermanas de María para formar a niños de escasos recursos. El desarrollo se compone de biblioteca, auditorio, aulas y talleres, colocados a forma de escuadra para dejar una especie de patio central como referencia al espacio grabado en la memoria colectiva de los guatemaltecos. Cada módulo ha sido tratado de manera diferente en cuanto a formas y materiales. El ladrillo esmaltado blanco se utiliza en aulas y talleres para recordar la típica casa unifamiliar con techos a dos aguas; el ladrillo tradicional está integrado en el auditorio, el cual cuenta con una planta en espiral que responde a necesidades didácticas; y por último están los módulos de conexión, conformados por puentes que unen el conjunto de manera coherente. Estos módulos de conexión se pensaron como elementos semitransparentes que funcionan como uniones entre sólidos, por lo que dan la impresión de ser más ligeros que las aulas y los talleres. De esa cuenta se eligieron dos revestimientos: una composición de perfilería de aluminio y una lámina microperforada que al ser interceptada por la luz diurna o nocturna se vuelve diáfana y funciona de ventila natural para la circulación de aire interior. Una celosía reviste los puentes que conectan los módulos de talleres.

Las escuelas de San Juan Cotzal

El proyecto conformado por 7 escuelas repartidas por el Triángulo Ixil, en el departamento Quiché, tuvo como objetivo llevar un símbolo de esperanza a los niños de una región lastimada por años de conflicto armado. La escuela San Felipe Chenla forma parte del programa “Escuelas de Nebaj”, ejecutado gracias a la donación de la Agencia de Cooperación Internacional de Korea (Koica), la cual busca dignificar las instalaciones educativas en áreas necesitadas del altiplano. El proyecto consistió en incluir un nuevo módulo de aulas en una escuela preexistente, para dar a los niños de lugares en donde se invierte solo los mínimo en instalaciones educativas una nueva perspectiva. La composición arquitectónica de la escuela está inspirada en rasgos característicos de la cultura local, como la tectónica, el huipil y la topografía. El material más importante del edificio es el concreto expuesto, que aunque podría parecer frío, funciona porque se hace uno con el paisaje nebuloso y se integra con el paisaje verde de Los Cuchumatanes. Teniendo en cuenta la situación de pobreza que afecta a estos territorios, la escuela no tiene vidrios, y casi tampoco lámparas que requieran bombillas, sino que se maximiza el uso de la luz natural. La escuela Tucoral, por su parte, es una de las más grandes del programa, y es importante porque en ella, contrario a lo que siempre sucede, la arquitectura occidental se adapta a una visión indígena Kakchiquel, la cual sutilmente expresa a la comunidad admiración y validación de sus principios. Originalmente, este centro educativo solo contaba con primaria, pero gracias al nivel de construcción conseguido pasó a incluir básicos y diversificados. Universidad para la carrera de Ciencias de la Educación, escuela dominical y espacio para congresos, talleres y hasta reuniones familiares.

 

 

 

Biblioteca Koica

Donada por La Agencia de Cooperación Internacional de Korea, la biblioteca busca la formación académica dentro del programa “Villa de Las Niñas” de las Hermanas de María. El primer aspecto interesante del proyecto es la fachada, que como explica el arquitecto Solís, hace una síntesis de la idea de “escape” de la escritora Susanna Tamaro en referencia a la lectura o a los libros. Así, la fachada puede ser entendida como una “barrera” entre el interior y el exterior, que saca a las niñas del internado y les permite entrar a un mundo distinto. El espacio de 3 niveles, con vestíbulo de triple altura, auditorio, laboratorio de computación y sala de lectura, cuenta con unos 812 metros cuadrados de construcción y se resuelve en tres módulos para formar una escuadra que se adapta a los árboles preexistentes en la propiedad. Según Solis, “lo medular” del proyecto es el jardín, que puede verse como el “lugar secreto” o mágico al que se accede únicamente por la biblioteca y cuyo objetivo es unir la naturaleza con el proceso de aprendizaje.Esta sala de lectura, o espacio para la “formación intelectual”, tiene una doble altura para resaltar que es el más importante de la biblioteca, uno que dignifica al lector y por su escala promueve la convivencia “sigilosa”.

Arriba de ella se encuentra una terraza/jardín que a la vez se transforma en un espacio de convivencia lúdica gracias a la presencia de montículos verdes en donde las niñas pueden sentarse a leer al aire libre. Al final, se trata de una arquitectura funcional en la que “nada sobra”, pues el edificio fue concebido para que tuviera sentido al sumar todas sus partes.Desde el uso del concreto expuesto, tanto en el piso como en la manera en que se evidencia el sistema estructural (vigas y columnas), la presencia de maderas recicladas tipo OSB (oriented stand board), así como la utilización de paneles de PVC perforados, son algunos de los ejemplos que muestra como una arquitectura puede ser sobria y sin pretensiones, pero denotando a la vez calidad y creatividad.

 

Centro Comunitario Chalco

Si, esta edificación no está en Guatemala, pero su arquitectura es tan genial, que creemos que vale la pena documentarla. Situado en las periferias de la Ciudad de México, justo en el perímetro de la plaza central de un pequeño poblado típico del área, el centro comunitario se ha convertido en el nuevo punto de encuentro para la comunidad. La edificio es un arreglo de volúmenes regulados por la tipología de Patio Central, que se integra a la Plaza Central y crea una progresión de escalas entre espacios. Cada uno de los volúmenes que conforman la composición arquitectónica varían su forma dependiendo de la función: los salones de clases están representados por volúmenes con la forma típica de la casa de dos aguas; la cafetería por un volumen de planta elíptica; el salón de usos múltiples por un paralelepípedo regular; y la capilla por un volumen elevado en pilotes (foto). La intención imprimirle a cada una de las partes un contenido metafórico de la vida diaria de los habitantes del lugar: la casa del árbol, la vivienda unifamiliar, la champa de lámina y el salón de juegos, entre otros. Según Solís, la materialidad del proyecto es uno de sus aspectos medulares, pues se quiso reconocer los productos y la mano de obra local, mostrándolos en un lenguaje contemporáneo, y creando un diálogo entre lo antiguo y lo nuevo a través de piezas de cemento, barro, madera y lámina local.

 

También merece mención la piel que recubre los volúmenes que dan hacia el espacio público, la cual está inspirada en los tejidos artesanales. Este recurso se utiliza no solo como un aspecto que el usuario pueda reconocer al experimentar los espacios, sino como una forma de relacionar a la firma SOLIS COLOMER (guatemalteca), con la cultura local. El proyecto logra pues, de una manera coherente, la relación entre escalas urbana y el edificio, entre el habitante y el objeto arquitectónico, entre la comunidad y el Centro Chalco, entre la cultura local y la firma.

 

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