Guate es tradición

octubre 10, 2019

Los protagonistas de nuestra edición número 3, Ana Claudia González y Hubert Schoba, regresan a nuestras páginas más fuertes que nunca para demostrar que el país es una fuente inagotable de inspiración. Las mentes detrás de Fábrica no solo son creativas e ingeniosas, también han conseguido que todos nos sintamos orgullosos de ser de aquí. Vale decir que nos pusimos al día.

Hace alrededor de 6 años hicimos un extenso reportaje sobre la vida en el centro de la ciudad y el trabajo de diseño de este dueto de arquitectos que acababan de ganar el People Choice Award de la revista canadiense Azure por el sillón Street Football, fabricado a base de guaipe. Y como dicen, ha llovido desde entonces, pero solo en positivo. Me reuní con Ana Claudia en una conocida cafetería para retomar la conversación donde la dejamos entonces. Hubert no pudo acompañarnos pero sin duda está cien por ciento presente en esta conversación.

 

¿Cómo es su vida ahora, 53 ediciones después?

Pues de seis de la mañana a dos de la tarde es solo Fábrica, por las tardes ya vamos con mi hija Valentina, que ahora tiene nueve años, a la escuela de circo. Está con Panchorizo, que se los presenta todo como un juego pero en realidad es disciplina y ejercicio, es gimnasia y entrenamiento intenso. Ella poco a poco va aprendiendo a entregarse a lo que está haciendo…

Es que creció, necesitábamos ponernos al día después de tanto tiempo. Publicamos su historia en la tercera edición porque habían ganado un premio de diseño por la pelota/sofá inspirada en el fútbol. ¿Cómo han evolucionado en estos años?

Ala puchis, ha pasado mucho tiempo. ¿Que qué hemos hecho? Nos dimos cuenta de que Guate es un buen mercado. Antes teníamos aspiraciones de salir y de exportar, de sacar nuestros muebles, pero el trabajo aquí nos fue llenando, se volvió suficiente.

Se abrieron puertas. 

Si, el mercado nos fue abriendo puertas… ahora tenemos una relación recurrente con varios estudios de arquitectura y arquitectos, y eso es muy gratificante.

Hablar de colaboraciones es una constante en esta edición, y me encanta porque creo que en equipo se logran cosas excepcionales.

Enriquece tanto. Hemos encontrado gente muy buena, muy honesta, con ideas frescas, gente con la que se puede trabajar, que tiene ganas de un cambio en la manera de diseñar, de buscar que se hable el lenguaje guatemalteco en el diseño.

¿A qué te refieres con lenguaje guatemalteco?

Como vivimos en la zona 1 siempre estamos en contacto con el día a día más local. Guate tiene mucho color, aunque creo que es más un sentimiento que un dibujo, va más allá del tejido típico reinventado y no lo digo en mal plan. Guate es caos, es intesidad, es cambio, es como una fuerza que empuja porque se quiere definir. Todavía estamos en un camino de definición, politícamente hablando, económicamente… no hay seguridad, aunque se busque por todas partes. Por eso se hacen mundos o submundos, para protegerse del caos. Y así es como tratamos de expresar lo que diseñamos.

¿Y en cuanto a materiales? Recuerdo que se sentían amarrados a los materiales locales.

En eso no hemos cambiado nada, nos sigue gustando lo mismo, seguimos yendo a la Terminal… utilizamos cintas, cueros, usamos los materiales que tienen los proveedores de aquí pero que no se usan tradicionalmente en muebles, como el hierro que usamos más de lo normal, usamos madera, usamos piedra. Ahora ya no hacemos tanto expresiones artísticas como la pelota, nos dedicamos más al diseño y producción de muebles utilitarios para proyectos. Es cierto que queremos regresar a hacer cosas así, pero es que hay tanto qué hacer…

Es buenísimo que se pueda vivir de esto aquí.

Lo es. Ya te digo que nuestras aspiración era llevarnos todo a Estados Unidos o a Europa. Al final la ecuación era al revés porque las exportaciones si estás empezando son caras, tenemos volumenes pequeños y, sobre todo, nos interrumpían la producción de lo que teníamos acá. Es rico desarrollar un lenguaje para lo que está pasando en Guatemala, y por ahí vamos.

Para quienes no saben de Fábrica, ¿cómo la definirías en pocas palabras?

Esa ha sido siempre mi pregunta, y nunca la ha sabido contestar. Creo que Fábrica es una búsqueda de lo que está pasando aquí y ahora, una expresión del vivir de nosotros a través de materiales y formas.

Es que ambos son arquitectos…

¿Sabes qué? Nunca hemos tenido un foco, si me preguntan ¿ustedes son carpinteros? No. ¿Son diseñadores? No. Te diría que hacemos cosas, hacer es lo que nos define, lo que nos dice que estamos vivos. Haciendo nos sentimos en movimiento y en comunicación con otras personas. Creo que lo que define a Fábrica es el hacer.

¿Qué hacen?

Cosas grandes, cosas chiquitas, hacemos construcción aunque queremos salir de ahí y enfocarnos en el taller, en la mano de obra de los muchachos para que no se nos dispersen por todas partes. Es decir, las cosas grandes que hacemos es el mobiliario para edificios y las chiquitas son los portavasos y azafates de quitapenas, por decirte algo.

 

¿Hay algún proyecto que haya marcado su carrera?

Es muy impresionante, pero te diría que los portavasos de quita penas te dicen mucho. Te dicen que la gente no tiene una forma de enseñar qué es Guate cuando se la quiere regalar a alguien y por eso creo que nos los compran tanto. Son como una forma actual de decir qué es Guate sin repetir lo que hemos venido diciendo desde hace siglos, sin quitarle a eso su mérito. Hay que reinventar el lenguaje de los recuerditos.

Y en esas cosas que hacen, ¿qué han hecho?

Muebles para edificios que no sean empotrados, divisiones para espacios, muebles para baños que si son empotrados pero a la vez repetitivos, cocinas para espacios pequeños, de esas que eventualmente puedes mover de lugar… participar de proyectos Airbnb es algo que nos emociona mucho, pues quieren cosas muy jóvenes. También hemos hecho accesorios de mesa, mesitas laterales, barras y bancos.

 

Y si alguien te pidiera diseñar algo único, como un piso, por ejemplo.

Ya no quisiera que me lo pidieran porque una sola cosa consume demasiado tiempo, no es rentable tener un cliente una vez, necesito volumen para generar el trabajo que mantiene a flote el taller. Además, un cliente así suele ser intenso. Ahorita por ejemplo nos pidieron un solo vestidor para vestíbulo y como ya teníamos un diseño hecho, lo hicimos.

¿Qué les queda por hacer?

Mobiliario para restaurantes con vida y personalidad, tratando de mantener una garantía y ser esa constante que acompaña al cliente a lo largo de los años, estar ahí por si algo falla o se arruina. Nosotros le vamos a dar un muebles más alegre para aportar carácter a su espacio. No quiero sonar creída pero creo que esa garantía de que no los vamos a dejar volando después de las entregas es lo que ha hecho que los clientes regresen.

¿Cuál sería tu lectura general de cómo ha cambiado la escena creativa en estos 15 años que llevan trabajando?

Me encanta que hay mucha gente joven haciendo cosas, pues eso quiere decir que estamos pensando de manera más joven. Hay mucha gente queriendo hacer cosas frescas. Ya no estamos arrastrando el diseño tan pesado de antes… En la Universidad tuvimos catedráticos muy conservadores que te daban toda la película completa y eso está bien, pero también teníamos a un Davide Garda que nos enseñó a no solo pensar en una estética global o en replicar lo que veíamos en revistas, sino a sentir en dónde estamos, a tener en mente a tu cliente, a fijarte en el terreno, si es plano o en pendiente y en qué repercute eso por ejemplo en los vientos… el diseño es algo puntual, es local, profesores como él nos enseñaron que estamos acá, que no estamos replicando lo de afuera.

¿Te gustan las redes?

A eso iba, me encanta la mentalidad joven y las ganas de modernidad pero me preocupa mucho el Pinterest. La gente está viendo cosas de todo el mundo, pero muchas de ellas nos responden a lo que se puede hacer acá. Los clientes vienen con moodboards de fotos… si un cliente quiere resultados de muebles que se están haciendo desde hace 50 o 60 años en una fábrica inmensa de Italia, yo no voy a poder darles lo mismo en un mes y al tercio de precio. Eso preocupa. No se entiende que Pinterest es inspiración.

 

Este loft en zona 4, de tres niveles que se unen a través de una escalera helicoidal, fue diseñado en conjunto con su propietario, Fábrica y la Arquitecta Cecilia Pirani con un carácter industrial mitigado a través de texturas y colores cálidos.

¿E Instagram y Facebook?

Es verdad que otros arquitectos me han dicho que la gente llega con sus miles de fotografías de las redes… Las redes crean tendencias, pero al final cada país o región es una historia distinta, otra forma de sentir otra realidad. Creo que deben usarse como una herramienta y no como un resultado final. Es decir, me gustan las redes, me entusiasman, no tanto como para tener pero me gustan, creo que tienen un gran potencial y que yo no se los he sacado.

 

¿Tú llevas las de Fábrica?

Si, y no posteo mucho, se me olvida siempre, y cuando lo hago estoy demasiado pendiente de si gusta o no. Luego cuando tengo un follower nuevo he notado que otros dejan de seguirme, así que pienso que quizá no es bueno subir nada porque otros se recuerdan de que existo y dicen qué aburrido esto. He oído que Instagram tiene un algoritmo que te va regulando el número de seguidores pero no se si es cierto. ¡Qué buenas noticias! Con eso ya me siento mejor. Yo decía mejor ya ni posteo porque me van a seguir quitando. No, es una herramienta, igual que CNC es una herramienta, el láser es una herramienta para unas cosas y me fascina; cada época te va dando sus propias herramientas y es importante estar al día.


Regresando al diseño, ¿cuál sería su sueño de espacio? 

Yo quiero hacer vivienda mínima. Hace falta una que incluya todo, energía solar, recolección de agua, reciclaje de esa agua, compost… Hace poco dijimos con Hubert, hagámoslo, qué importa si alguien lo quiere o no. ¿Cómo y dónde se podría empezar con ello? Pues todo varía de acuerdo al clima. Yo empezaría por los barrancos de Guate. Nos inspira hacer una vivienda que sirviera como alternativa cuando hay una catástrofe natural, pero también construir una que fuera permanente. Es decir, quisiéramos producir una unidad que sirva para mientras te recuperas de lo que perdiste o para quedarte para siempre. Si, cada vez es más válido lo de la vivienda mínima si está bien hecha. En Europa se vive bien en 60 metros o en 30. Otro proyecto que nos gustaría desarrollar, y se que ya algo existe, son platos y vasos responsables, quizá de un material inspirado en la envoltura de los tamales o los chuchitos.

¿Qué te parece que se está haciendo bien en arquitectura?

Tristemente creo que hay pocos edificios que dialogan con la ciudad, o al menos no hay suficientes. Hay poca conciencia y poca honestidad, no sé si los desarrolladores deberían ser mejor regulados para que entreguen lo que ofrecen, ya hemos oído casos lamentables. Aquí no importa si no das lo que ofreces, lo que importa es el dinero.

¿A qué te refieres con que estos edificios no dialogan con la ciudad?

Se están creando mini mundos que no se relacionan. La gente no está conciente de que un edificio te puede invitar a caminar por ahí en vez de negarte ese espacio. Creo que zona 4 lo está haciendo bien en esta segunda vuelta, cuando dejó de ser un antro de fiestas de fin de semana. Ahora hay mucha gente trabajando ahí, siempre está vivo, quizá se queda algo vacío el fin de semana pero ya es otra cosa.

Y viviendo en el centro, ¿qué ves?

Mucho abandono. De cuando empezamos a vivir ahí y con tantas expectativas de un resurgimiento del centro, todo se ha venido para abajo. En ese momento todos los artistas decían que se iban a mudar al centro, se estaban abriendo espacios públicos para caminar, para montar bicicleta… cada cuatro cuadras había una comisaría de policía y si los llamabas, ahí estaban en dos minutos. Eso no pasa ahora. Creo que el deterioro lo ves en el grafiti, si haces el recorrido desde donde empieza la 4ta avenida de la zona 2 hasta la 21 calle de la zona 1, dos casas tienen pintura y una no. Hace poco recibimos una nota de los del Centro Histórico diciéndonos que teníamos que quitar las de nuestras paredes, así que decidimos solo lijar porque nos encanta ver las capas y capas de pinturas que han pasado por las casas del centro, y pues nos llevamos una agradable sorpresa cuando en la corniza fuimos encontrando poco a poco la palabra fábrica. Al parecer, la casa fue una antigua fábrica de calzado.

¿Cómo empezarías a cuidar el centro?

Con los buses, todo está asqueroso de ollín… regularía por donde pasan y donde paran, eso es un relajo y los buses se pelean por los pasajes y hasta se matan entre si. La otra cosa es que ya están asaltando y hay muchos borrachos en tirados en las banquetas… te toca tocar madera, nada más. Cada vez estamos más encerrados en nuestros mini mundos para buscar esa seguridad que no existe.

Es una pena porque ustedes han querido realmente vivir la ciudad…

Así es, hace poco, con todo el tema de las elecciones nos preguntamos por primera vez si no era hora de salir de aquí. Si regresamos a Guate, pudiendo quedarnos fuera, es porque queremos hacer algo. No está bien quedarse afuera y luego estar alegando porque el país está mal. Toca ser positivos y quedarse trabajando.

Termino con algunas preguntas rápidas: ¿arquitectos con los que más les gusta trabajar?

Olivero & Bland. Son muy buenas personas. Son pilísimas, claro, pero además son honestos.

¿A quién le están siguiendo la pista?

A Panchorizo. Si, a Panchorizo, porque le ha dado tanta alegría a tanta gente. Como estoy muy cerca de su escuela veo como está sacando a gente joven a hacer cosas lindas, a ordenar su mundo de otra forma. Ha sacado de la tristeza a mucha gente.

¿Un diseñador?

Me gusta Eduardo Figueroa en moda.

¿Una firma de arquitectura?

Shoarq… se ven que están viendo a gran escala porque los edificios que han diseñado en zona 4 dialogan entre si. Nosotros trabajamos con en Expo 1 y nos encantan ellos porque realmente están buscando ser responsables y explorar nuevos materiales.

¿Cuán madura ves a Fábrica?

En esto estaba pensando en la mañana. Siempre pienso que estamos empezando otra vez y que debemos enfocarnos, pero es tan difícil porque todo te entusiasma.

¿Cómo se dividen con Hubert?

Creo que es la misma historia que cuando nos entrevistaste la vez pasada. Él está más en el taller y yo en la calle buscando focos de creación. Yo soy como el chucho de la calle, la que trae el hueso y dice vamos a hacer esto, y él dice si es factible o no.

¿Qué diría él acerca de lo que ve en Guate?

Que sigue entusiasmado con el día a día; bueno o malo, él sigue inspirándose en lo que vivimos.

¿Qué planes tienen a futuro?

Queremos enfocar, definir más profesionalmente a donde vamos, no cómo ir a la deriva como hemos estado en todo este tiempo. Algo que si tenemos claro es que queremos concentrarnos mucho en entregar calidad, el detalle aquí aún no tiene mucho respeto, y el detalle quiere tiempo, pues en él está nuestro respaldo.

Por Ana Isabel Villela

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