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Guate es maximalista

octubre 11, 2019

De Jimena de Tezanos admiramos muchas cosas, su calidad humana, su seguridad, su pasión, su simpatía y su incansable voluntad para emprender. En esta ocasión, sin embargo, queremos celebrar su inconfundible estética, antídoto perfecto contra el aburrimiento y despertar irresistible de todos los sentidos.

Después de pasar una mañana en compañía de Jimena de Tezanos aquella frase de “menos es mas” sale volando por las hermosas ventanas de Galería La Rebelde para dejar entrar a “menos es aburrido”. A propósito del especial que celebra a quienes están haciendo la diferencia en Guatemala, conversamos con ella para descubrir a la persona detrás del mito y terminamos entendiendo por qué es el personaje que es.

Me gustaría que nos llevaras a tu infancia. ¡Es fácil ver que vienes de una familia emprendedora y súper creativa! Tus hermanas también están haciendo cosas interesantes…

Tienes razón, somos una mezcla entre artistas y empresarios. En realidad venimos de Uruguay y Argentina, nací en Montevideo y vine a Guatemala cuando tenía 6 años. Nos trasladamos por el trabajo de mi papá. A él le encantó, siempre dijo que este era un país virgen en el que uno podía hacer lo que quisiera; pero a la vez siempre hablamos de regresar al Uruguay, esto era algo temporal. Además, para mi mamá el cambio fue un trauma, venimos dos  días antes del golpe de estado de Ríos Montt y tuvimos que quedarnos encerrados en el hotel. Ella gritaba que se quería regresar a su estancia, a su establo y a sus caballos.

 

La Rebelde representa en Guatemala al escultor peruano
radicado en México, Aldo Chaparro.

Estamos hablando de principios de los ochentas, ¿ya venían todos tus hermanos? Todos nos llevamos dos años, veníamos Agustina, Martín, Lola y yo, y mi hermana Clara, que es la bebé, nació aquí, le llevo once años. Clara, que fundó La Fototeca junto a Juan José Estrada. Si, es muy creativa, pronto publicará su cuarto libro, hace sobre todo poesía visual, y lo hace tan bien que quedó dentro de las cinco finalistas del Paris Photo. Puso una editorial, acaba de publicar el libro que cuenta la historia de la fotografía en Guatemala…

¿Quién marcó la pauta de cómo era la vida cuando eran niños?

Sin duda mi mamá, yo tengo una mamá que se cambiaba tres veces al día para ir a sus distintos compromisos. Crecimos en una familia muy sudamericana donde todo se celebraba y se celebraba bien, todo era un proyecto. Si venía la abuela, remodelábamos la casa. Vivíamos rodeados de terciopelos, sedas, muebles europeos… todos vinieron en barco desde Uruguay, mi mamá era hija única, así que hasta la chimenea y los toilets vinieron. Y cada vez que venía una caja nueva era una celebración.

 

 

¿Tu papá participaba también de todo esto? ¿Le gustaba?

Sí, mis papás vienen de familias con trasfondos muy similares, de hecho son primos en tercer grado.

¿Cómo fue su integración a la vida en Guatemala, entonces?

Muy difícil. Crecimos muy aislados de los guatemaltecos, el único contacto que teníamos era con los niños del colegio. Mi mamá intentó hacerse amigas de las mamás de nuestros compañeros, pero realmente no logró conectar. Aquí dicen que te van a llamar y nunca te llaman, los grupo son muy cerrados, y la shoqueó eso de que en las fiestas los hombres hablan por un lado y las mujeres por otro. A los dos años de experimentar el modus operandi de aquí, se hizo amiga de los pocos sudamericanos que vivían aquí, de europeos, de los delegados de las embajadas, todos expatriados. Y el fin de semana se volvió solo para entretener. Mi mamá encima cocina espectacular. Los sábados se tomaba el té en mi casa con la vajilla más fancy, y tres pasteles distintos para acompañar.

 

Para ella era un estilo de vida…

Se volvió su entretención. Se preparaba para el fin de semana yendo a la zona 1 con los cinco güiros a comprar telas para hacer manteles; ella es como una princesa, toca piano, cose, cocina, habla cinco idiomas. Siempre le digo a ella si la educaron bien, que a mi me dejaron a medias porque no coso, no cocino y no toco piano. Pero en esa dinámica crecimos, de entretener, de celebrar, de arreglar la casa, de disfrutar con una vajilla, con las servilletas, con los manteles, todo en mi casa estaba diseñado y pre producido.

O sea que el buen gusto lo traen en las venas.

Pues mi mamá es la reina del buen gusto, ya quisiéramos nosotras llegarle a los talones. Hoy cumple 70 años. La celebramos con un desayuno. Queremos hacer un libro que cuente su vida a través de la editorial de Clara, es un personaje. Vieras que en mi familia hay varios poetas, mi abuela publicó libros, mi mamá igual, y ella y mi hermana Clara se escriben en verso.

¿Cómo vas decidiendo qué quieres hacer de tu vida?

Siempre supe que quería hacer algo relacionado con el diseño, las letras y las imágenes. Soy muy visual. Estudié comunicación porque era la carrera que había en Guatemala. Mi papá trató de mandarnos a todos a estudiar a Uruguay o a Argentina pero no lo logró, a ninguno nos gustó. Es que a nosotros no encantó todo aquí, y lo malo lo vimos bueno porque él nos lo pintaba fantástico. Son gente positiva ustedes, hemos entrevistado a Agustina y es un huracán. Somos muy apasionados. ¿Pero no querían salir a otros lados a trabajar, a tener mundo? Tuvimos miles de oportunidades de salir de aquí; todos de hecho pensamos que terminaríamos viviendo fuera porque queríamos hacer algo que no había en Guatemala. Yo quería hacer cine, me pasé toda la adolescencia haciendo películas con mis hermanos, los preparaba para las escenas y vivía con mi cámara a tuto. Mi papá siempre nos dijo que podíamos hacer lo quisiéramos, nos dio alas. Resultó que mi mamá tuvo un accidente fuertísimo en carro, los médicos le reconstruyeron la cabeza, tuvo que aprender de nuevo a hablar y a caminar, le tomó diez años recuperarse por completo, y eso ya nos ancló a todos acá. El único que voló fue mi hermano, Matías, que quería hacerlo en grande, lo hizo, y luego igual volvió.

¿Ejerciste la comunicación?

Por supuesto, trabajé en publicidad, en Leo Burnett.

Y ¿cómo empiezas el proyecto por el que te conocemos como la trendsetter por excelencia en interiores?

Camilo, mi marido, es arquitecto. Él fue quien realmente inició Big Apple. Nos casamos muy jóvenes en realidad, él viene de una familia de vanguardia, su mamá coleccionaba arte, él coleccionaba arte, y nuestro lugar favorito en el mundo era Nueva York, sentíamos que ahí encontrábamos todo lo que queríamos en cuanto a diseño. Íbamos a ver muebles, además, Camilo traía lámparas a través de una empresa que se llamaba Luz y Diseño…

¡Qué suerte tuvieron de encontrarse! Se complementan genial.

Él es la mayor bendición de mi vida, y al mismo tiempo el mayor reto, pues quiero que sea feliz. Nos gusta lo mismo, y somos opuestos en muchos sentidos también, él súper privado, no le gusta el protagonismo, yo le llamo Monseñor porque es el gran poder detrás.

¿Qué querían lograr con Big Apple?

Romper todos lo moldes, ni siquiera sabíamos si la gente iba a comprar. Creo que nos hicimos de una tribu fiel que nos siguió los 18 años que estuvimos al aire… era como que Didó tenía su tribu y nosotros la nuestra. Me siento súper orgullosa porque mucha gente nos dejó entrar a su casa y ser parte de. Fue muy difícil porque la gente me preguntaba qué era tal o cual pieza, no sabían dónde o cómo usarla.

Nos educaste a todos.

Cada quien elige su religión… a mi me gusta la estética, las formas, es lo que me da placer, le tengo fe al diseño. Para mi es una felicidad enorme entrar a mi casa y verlo todo. Me encanta. Creo que el guatemalteco en cuanto a identidad, aún está en proceso, no sabe qué es, no se siente europeo, no es sudamericano, no es centroamericano… el argentino sabe que es europeo y lo hace todo como tal, y el gringo pues, se sabe gringo.

Bueno, creo que como sociedad nos hemos sofisticado en los últimos años.

¡Gracias a Dios!

¿Y cómo fue cerrar ese capítulo después de casi 20 años?

Fue un duelo, un duelo enorme, tanto que más temprano que tarde inicié con un nuevo proyecto. Tenía que seguir creando, es cierto que en otro formato, pero seguir…

Y así nace La Rebelde. ¿Cómo la definirías?

Es un espacio de creación multidisciplinario… A ver, es un espacio de gran formato en donde se pueden plantear distintas propuestas de creación, como diseño, arte o incluso performance…

¿Por qué le pusiste Galería?

Es una colección de ideas. El espacio ahora es joven, es nuevo, pero lo creamos para poder traer a Guatemala la propuestas más innovadoras. Quiero hacer shows, pasarelas, intervenciones, perfomances… quiero traer chefs a cocinar. El primer pop up restaurant lo hice yo en Big Apple hace seis años con Débora Fadul. Quien me traiga una buena idea la puede exponer aquí. O puedo curar esas buenas ideas, creo que tengo un talento especial para materializar ideas, poniéndolas en un plano más aterrizado porque no todo el mundo es igual de sofisticado. Los que estamos a un nivel más creativo hablamos el mismo idioma, pero no es así con todos.

¿Qué planes tienes? ¿Inmediatos, a mediano o a largo plazo?

Inmediatos, consolidar La Rebelde con propuestas diferentes, artísticas y de diseño. Para 2020 mi mayor sueño es crear una comunidad, congregar a la gente que queremos venga para que disfrute de nuestras propuestas. ¿Sabes? Proyectos como La Rebelde están pasando en todo el mundo, en Nueva York o San Francisco, y la gente llega a la ultima bodega en la calle donde ya no hay nada porque ahí están las cosas más chileras. Yo quiero ser eso.

Y en ese sentido ¿cuál es tu gran sueño?

Crear el festival centroamericano de arte, se va a llamar Arte Central, e incluirá propuestas de artistas de Guatemala hasta Panamá. Además, vamos a fusionar GuteFoto con esto para lograr una gran feria de arte. Va a ser algo nacional, tanta fe le tenemos a Guatemala, estamos loquísimos.

Es emocionante ¿cuándo será?

En octubre del otro año. Tendremos a artistas y galeristas de toda la región y muy probablemente también de Miami y Nueva York, incluso de Europa. También quisiera llevarme a los artistas a ferias en el extranjero, es un reto.

¿A qué artista nos recomiendas seguir?

Qué buena pregunta, hay tantos… Me tienen sorprendida los chicos de Agnes Studio, son auténticos, están haciendo las cosas bien. Luego como artista me gusta Josué Romero, y admiro el trabajo de Marlov Barrios.

Muy bien, gracias Jimena por recibirnos en La Rebelde.

Gracias a ustedes por venir. Les tengo champán para que brindemos por arte y el diseño.

 

Por Ana Isabel Villela

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